La Siguanaba.

La Siguanaba y el cipitio
Feb04

La Siguanaba.

Cultura no responses

Uno de los objetivos desde el inicio de Hotel Entre Pinos, es basarse en la pacífica convivencia con la naturaleza y la cultura salvadoreña, es por eso que en la entrada del hotel te encontrás con una fuente en la que se observa a los 2 personajes mitológicos más representativos y  conocidos de El Salvador, La Siguanaba y El Cipitío.

Cuenta la leyeda que existió una vez una mujer llamada Sihuehuet, nombre que significa ‘mujer hermosa’. Sihuehuet era campesina de origen, pero usó sus encantos femeninos y brujería para seducir al príncipe nahua Yeisun, hijo de Tláloc, desposarlo y convertirse así en princesa. De esta relación nació un niño al que llamaron Cipitío.

No obstante, una vez casada, su marido se fue a pelear una guerra. Sihuehuet, aprovechando la soledad, tuvo amoríos con otros hombres y descuidó la crianza del niño. Sin embargo, la perfidia de la mujer alcanzó su máxima expresión cuando, para hacerse con el poder, convirtió a su esposo Yeisun en un monstruo mediante una poción mágica y reclamó el trono de este para uno de sus amantes.

La maldición de La Siguanaba

Yeisun quedó convertido en un gigante de dos cabezas que acosó a los invitados a una fiesta palaciega, pero un guardia se enfrentó a la criatura, la venció y la mató. Tláloc, padre de Yeisun, finalmente se enteró de lo que su nuera había hecho, se lo contó al dios Teotl y le pidió ayuda a este. Teotl, por ende, maldijo a Sihuehuet convirtiéndola en la Siguanaba (‘mujer horrible’). Ella sería hermosa a primera vista, pero observada de cerca se convertiría en un horrible ser que espantaría a sus víctimas y las haría despeñarse de barrancos alejados de la población. Fue condenada a vagar por el campo y a aparecerse a hombres que viajan solos en horas nocturnas.

Se dice que se ve de noche a orillas de ríos, lagos y otras fuentes de agua (aunque también cerca de basureros y barrancos), donde se la encuentra lavando ropa y buscando a su hijo, Cipitío, a quien Teotl le concedió la juventud eterna como castigo para ella por no haberlo cuidado como toda buena madre.

Las víctimas son siempre hombres, sobre todo los trasnochadores, infieles, donjuanes o enamorados, aunque también suele espantar a viajeros solitarios que transitan por veredas despobladas. En ocasiones acosa a niños bonitos, usualmente jóvenes de entre 18 y 25 años de edad.